
Nadie se imagina
el frío del corazón
y de las piedras.
Naufragué en alta mar,
sobreviví al fuego, a la sed,
al hambre y al olvido.
He contemplado por horas
sin esperanza hacía el horizonte.
No sé en donde vibra la vida
o en donde se cocinan
las buenas nuevas.
No sé si recorriendo
las calles vacías
pueda encontrar
una razón para vivir.
Siento frías la mirada
las manos ,los pies
y todo lo que me rodea.
Siento un inmenso vacío
en el alma,
todos los caminos
que conducen a la felicidad
se esfumaron en una misteriosa bruma...
ahora solo le hablo al silencio
y dejo que el tiempo fluya
sin razón, sin destino.
Soy como las hojas del olvido
barrido por los dientes del rastrillo.
Héctor Cediel
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