Entre tu boca y mi boca el aire jamás nos cupo,
sino un millón de suspiros tan tuyos como míos,
ni hubo un silencio que profane lo que la voz ya no supo
decir con palabras dulces en cercanía del oído.
En nuestra mirada desnuda la distancia jamás cupo
por las infinitas formas de decirnos siempre te amo,
ni olvidamos entre la ausencia aquel deseo que mutuo
nos hizo sentir tan juntos como entrelazadas manos.
Entre tu pecho y mi pecho el latir no se detuvo...
pues nos robamos mil lunas para jurarnos eternos,
fuimos dos locos soñando y el dolor nunca contuvo
un te creo, una promesa, un perdóname y un te quiero.
Entre mi piel y tu esencia y mi sed y tus diluvios
jamás existió la norma, ni lugar, ni el momento,
bastó siempre el delirio, la ocasión, el segundo...
entre tu piel y mi gusto... cupieron mares de besos.
Beto Aveiga · Ecuador
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